Eclesiástico
Capítulo 16
1Así hace el que reverencia al Señor; cumpliendo la ley encuentra la sabiduría.
2Ella le sale al encuentro como una madre; lo recibe como la esposa de su juventud.
3Lo alimenta con el pan de la inteligencia y le da a beber el agua del entendimiento.
4Él se apoyará en ella para no caer; confiado en ella, no fracasará.
5Ella lo levantará sobre sus compañeros, para que lleve la palabra en la asamblea.
6Lo llenará de gozo y alegría y le dará fama inmortal.
7Los hombres falsos no pueden alcanzarla, ni los orgullosos pueden verla.
8Ella está lejos de los insolentes; los mentirosos no tienen noción de ella.
9Los malos no son dignos de alabarla, pues Dios no les ha dado la sabiduría.
10Es el sabio quien la alaba; el que la tiene podrá enseñarla.
Libertad del hombre
11No digas: «Es Dios quien me hace pecar»; porque él no hace lo que detesta.
12Ni tampoco digas: «Él me hizo caer»; porque él no necesita de gente malvada.
13El Señor odia lo que es detestable y no se lo envía a quienes le respetan.
14Dios creó al hombre al principio y le dio libertad de tomar sus decisiones.
15Si quieres, puedes cumplir lo que él manda, y puedes ser fiel haciendo lo que le gusta.
16Delante de ti tienes fuego y agua; escoge lo que quieras.
17Delante de cada uno están la vida y la muerte, y cada uno recibirá lo que elija.
18La sabiduría del Señor es muy grande; él es muy poderoso y lo ve todo.
19Dios ve a todos los seres que creó, y se da cuenta de todo lo que el hombre hace.
20Él a nadie ha ordenado pecar, ni deja sin castigo a los mentirosos.